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sábado, 21 de julio de 2018

EL LIBRO HECHO DE LUZ. CUENTOS DE LA TROJA. Juan José Bocaranda E


EL LIBRO HECHO DE LUZ.
CUENTOS DE LA TROJA.

Juan José Bocaranda E

Me sumergía en mis pensamientos cuando un anciano se sentó en el mismo banco del parque donde yo estaba. Apenas lo hizo comenzó a decirme, sin preámbulo alguno, como si se tratase de reanudar una conversación entre viejos conocidos:

“Trabajé durante treinta años en la administración pública. Ahora estoy jubilado. Mis tres hijos constituyeron sus hogares y vivo sólo con mi esposa. Tengo tiempo de sobra para pensar y me resulta inevitable remitirme al pasado, aunque no falta quien diga que uno no debe pensar en el ayer porque ya pasó ni el futuro porque no ha llegado. Pero para mí los tres tiempos son importantes. Porque del pasado debemos extraer experiencias para el presente, que será futuro”.

Tomó un breve descanso. Luego agregó:

“Pensando en el pasado, he levantado un inventario de las personas que conocí, algunas de las cuales viven aún. Como en el Evangelio, he colocado algunos pocos a mi derecha, porque me traen buenos recuerdos, y la inmensa mayoría a mi lado izquierdo. Y hasta he llegado a construir en mi mente dos libros: un libro hecho de luz, en el que merecen estar aquellas personas que, vivas o muertas, me resultaron espiritual o moralmente beneficiosas, y un libro negro, escrito con las sombras de quienes me causaron el mal o trataron de hacerlo.
La razón fundamental  que me conduce al libro de luz, es la amistad sincera. La razón de ser del libro de las sombras es la traición, que implica egoísmo, odio y envidia.
Cuando, recostado sobre mi “almohada filosofal” tardo en coger el sueño, o cuando me desvelo,  repaso la lista de la luz, tomando en cuenta el rasgo esencial de cada hecho, es decir, del motivo esencial de los buenos recuerdos. Llego a la conclusión de que me agradaría sobremanera reencontrarme con esos amigos para dar calor a la amistad  y complacerme en el hecho de que estoy recibiendo de ellos un beneficio indescriptible moral o espiritual, como ya dije. Y ello me resulta tanto más deseable cuanto veo la calidad moral de quienes ahora nos rodean: seres que se creen humanos, pero saturados de egoísmo, malas intenciones y el deseo de sacar el mayor provecho material o pecuniario a los demás, con una voracidad propia de tiempos tenebrosos.
En medio de mi fantasía, según se me califique, supongo que algún día, en ese mar del misterio que es la vida aquí o en el más allá, volveré a encontrarme con esas personas –hombres o mujeres- que me traen los buenos recuerdos y que por ello merecen, en lo que a mí toca, formar parte de mi libro hecho de luz.”

De pronto dejó de hablar y desapareció sin despedirse ni esperar respuesta. Sin embargo, no me sorprendí  porque en realidad el anciano era yo mismo, inmerso en las profundidades de mi yo, donde vibra la razón o se agita la locura.


sábado, 14 de julio de 2018

EL HOMBRE QUE SÍ PASÓ DE LA PUERTA. CUENTOS DE LA TROJA. Juan José Bocaranda E


EL HOMBRE QUE SÍ PASÓ DE LA PUERTA.
CUENTOS DE LA TROJA.
Juan José Bocaranda E

-Nadie, salvo el propio Dios, puede conocer los designios de Dios- comenzó diciendo aquella tarde el conocido gurú Rajalarrana Ya, de Calcuta, quien agregó:
En el Reino del Misterio, donde se planifica el curso de los mundos y se traza el destino de los hombres,  existe una puerta por la que entra, no quien quiere sino quien puede....

Hace mucho mucho tiempo, un abogado fue nombrado juez de un humilde municipio de la región de Lajastarán. Sus enemigos, tan absolutamente gratuitos como infinitamente abyectos, forjaron y mantuvieron una especie de consigna, de vaticinio, de miserable deseo de fracaso y humillación, diciendo por doquier: “Vigena jamás pasará de la puerta”.

Pero pocos años después, por cuestiones del destino, Vigena pasó a ejercer cargos docentes y judiciales de alto nivel, hasta que se jubiló, porque quiso, cuando quiso y como quiso. Así, pues, no sólo "pasó de la puerta", sino que también fue invitado a tomar asiento en la sala principal del Palacio,  para dialogar con calificados conocedores de las leyes y rectores del alto gobierno;  y así mismo fue invitado al comedor,  donde pudo degustar los mejores platos de la casa, hasta que se hartó.
En cuanto a sus enemigos, carcomidos por la envidia, fueron cayendo al charco sin haber “pasado de la puerta”. Simples hojas secas, que el viento arrastra por el lodo y todos pisan...
Es que nadie, salvo el propio Dios, puede conocer los designios de Dios. En el Reino del Misterio, donde se planifica el curso de los mundos y  se traza el destino de los hombres,  existe una puerta por la que entra, no quien quiere sino quien
puede...Y si puede es porque lo merece...

Finalmente les dijo: el que ríe de último carcajea mejor...




lunes, 9 de julio de 2018

ESO NO ES POESÍA. CUENTOS DEL CIMBORRIO Juan José Bocaranda E


ESO NO ES POESÍA.
CUENTOS DEL CIMBORRIO

Juan José Bocaranda E

-Eso no es poesía

-¿Porque Ud. lo dice?

-No porque lo diga yo sino porque lo dicen grandes escritores y gente que sabe lo que es la poesía

-Pues al cimborrio los sabiondos. A mí no me da la gana de someterme a las reglas que otros dicten. Escribo como me sale. El que no lo  trague, pues no se lo coma y pase la página, que con eso va que chuta- finalizó...

domingo, 1 de julio de 2018

EL POZO PR0FUNDO Juan José Bocaranda E


¿Es imposible que algo así ocurra en el mundo hiperloco que nos toca vivir?.

EL POZO PR0FUNDO

Juan José Bocaranda E

- Yo pienso que pienso estar pensando cuando pienso que pienso seguir pensando que pienso pensar. Pero no estoy loco. Yo no debería estar aquí.

- Entonces ¿por qué te han traído a este lugar?

-Sólo sé que un día bajé  al fondo del profundo pozo. No sabía nadar y podía morir. Pero aun así, me arroje al agua y bajé al fondo del profundo pozo.

-¿Y respiraste?

-Probablemente no porque hubiese muerto. O tal vez sí lo hice pues estoy  vivo. O creo que estoy vivo  pensando que pienso lo  que  no pienso. Y porque así pienso que pienso, pienso que si estoy pensando como pienso, en realidad no puedo estar pensando lo que pienso.

-¡Pero, amigo! ¡Qué casualidad! ¡Yo también he estado en ese pozo tuyo!.

-¿En mi pozo?  ¿Has estado en mi pozo?

-Sí. Bajé  al fondo del profundo pozo. No sabía nadar y podía morir. Pero aun así, me arrojé al agua y bajé al fondo del profundo pozo.

-¿Y respiraste?

-Probablemente no porque hubiese muerto. O tal vez si lo hice pues estoy vivo. O creo que estoy vivo pero pienso que en realidad  estoy muerto.

Uno de los psiquiatras  de guardia gritó y dijo al loquero:

-¡Loquero! ¡Llévese a este loco que tiene dos cabezas.

-Me lo llevo -respondió el loquero-. Pero no tiene dos cabezas sino tres. Y yo iré con ellos a ese pozo. Bajaré  al fondo del profundo pozo. No sé nadar y podré morir. Pero aun así, me arrojaré  al agua y bajaré al fondo del profundo pozo.

-¿Y respirarás?- le preguntó el psiquiatra

-Probablemente no porque podría morir.  O tal vez sí lo haga pues estoy vivo. O creo que estoy vivo pero pienso que en realidad estoy muerto.

-Pues yo también bajo con frecuencia a ese hermoso pozo –dice el psiquiatra-  No sé nadar y puedo morir. Pero aun así, me arrojo al agua y bajo al fondo de ese  profundo pozo.

-¿Y respiras allí, doctor?- le pregunta el loquero

- Probablemente no porque podría morir. O tal vez sí  porque ya estoy muerto.  O creo que estoy vivo pero pienso que en realidad estoy muerto,  pensando que pienso lo  que  no pienso . Y porque así pienso que pienso, pienso que si estoy pensando como pienso, en realidad no puedo estar pensando lo que pienso... 

Todos. Los psiquiatras, los loqueros, las enfermeras, las secretarias, los barrenderos y los demás locos, todos  los habitantes del manicomio, a semejanza de un coro del teatro griego, dicen al unísono, con tonos de letanía y tragedia, como si fuese un rezo:

-También nosotros bajaremos al fondo del profundo pozo. /No sabemos nadar/ y podremos morir./ Pero aun así,/ nos arrojaremos  al agua /y bajaremos al fondo del profundo pozo./ No sabemos si respiraremos o no. /Probablemente no porque podríamos morir./ O tal vez sí pues estamos vivos./ O creemos que estamos vivos /pero pensamos que estamos muertos...

Y la onda  de la monomaníaca cantaleta se eleva por sobre los techos del manicomio, gira sobre las cúpulas  y las torres de la ciudad y se extiende por el Globo, y todos los habitantes de la Tierra dicen, con tonos de letanía y tragedia, como si fuese un rezo:

-Bajaremos al fondo del profundo pozo. /No sabemos nadar/ y podremos morir./ Pero aun así,/ nos arrojaremos  al agua /y bajaremos al fondo del profundo pozo./ No sabemos si respiraremos o no. /Probablemente no porque podríamos morir./ O tal vez sí pues estamos vivos./ O creemos que estamos vivos /pero  pensamos que estamos muertos...Y porque así pensamos  que pensamos, pensamos que si estamos pensando como pensamos, en realidad no podemos estar pensando lo que pensamos....

-¿Y tú qué piensas?
 Yo, por mi parte, pienso que no pienso lo que pienso...Pero también tengo mi profundo pozo...